Posteado por: fundaciad | 30 julio, 2011

GUIA PRACTICA DE ENTRENAMIENTO PARA LA COMPRENSION Y ENTENDIMIENTO DE LOS ALUMNOS CON TDAH

Esta guía pretende apoyar un poco el proceso de enseñanza/ aprendizaje que se da en el ambiente educativo en los niños con TDAH, mediante adecuaciones de los datos ofrecidos en los estudios realizados.

La función de la guía es aportar algo al entendimiento de la problemática, concientizar a los maestros de la problemática, llevarlos al mundo de estos niños y hacerlos participes de su situación, buscando así un óptimo proceso de aprendizaje y una mejor calidad de vida.

 El Trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH)  se ha convertido en la patología neurocomportamental infantil y juvenil más frecuente, datos que han arrojado  estudios que se han desarrollado, en los que  se han encontrado una alta prevalencia; es de cuidado, pues este trastorno tiene un gran impacto en el desarrollo del individuo e influye en su desarrollo social, emocional y cognitivo pudiendo ser potencialmente perjudicial, pues estos niños se encuentran expuestos a respuestas negativas del medio en el que se desarrollan, ya sea por desinformación, ignorancia o simplemente incomprensión, poniéndolos en una posición de vulnerabilidad y desventaja.

La parte más afectada en este trastorno es la atención, y por su estrecha relación con las funciones ejecutivas, estas también se pueden ver alteradas.

Objetivos

Los objetivos de esta guía son:

  • Ofrecer conceptos entendibles sobre funciones ejecutivas, atención, TDAH.
  • Conocer y comprender las fallas de las funciones ejecutivas en el mundo interno de los niños con TDAH.
  • Desarrollar un entrenamiento para el desarrollo de la atención y funciones ejecutivas en cualquier problemática

Que es  TDAH?

El TDAH es uno de los trastornos infantiles más frecuentes, estimándose su prevalencia entre un 3 y un 7% de niños en edad escolar (American Psychological Association, 2000). Aunque sus síntomas centrales son la inatención, la impulsividad y el exceso de actividad motriz, estas manifestaciones pueden tener una coexistencia con problemas de comportamiento, dificultades de aprendizaje y déficits en el funcionamiento socioafectivo (Amador, Forns, Guàrdia, y Peró, 2006; Arce y Santisteban, 2006; Miranda, Castellar, y Soriano, 2005; López-Villalobos, Serrano, y Delgado, 2004; Mayes, Calhoun, y Crowell, 2000; Taylor, 1990).

El TDAH es de naturaleza crónica, de forma que entre un 50 y un 80% de niños con TDAH sigue manifestando síntomas relacionados con el trastorno en la etapa de la adolescencia (Barkley, 1990). Usualmente la calidad de vida de estos niños se ve afectado, por eso es importente un entrenamiento para la identificación temprana y así poder intervenir pronto y efectivamente.

El aporte de los estudios es grande, por eso se presenta de manera positiva el manejo posterior en la parte farmacológica y pedagógica (Miranda, Jarque, y Rosel, 2006; Roselló, Mulas, y Jarque, 2001; Arco, Fernández, e Hinojo, 2004) estos tratamientos por si solos dan su aporte al manejo, pero para que sea exitosa la intervención en los niños; necesitamos todo el apoyo posible, se tienen que fortalecer las redes sociales con las que el cuenta, es decir que es indispensable la actuación de los agentes de socialización del niño, los cuales son los padres, los maestros, y en la manera posible las sociedad. Lo idóneo sería que estos agentes estén reconozcan y conozcan la importancia del tener conocimiento entrenamiento sobre el TDAH

Sabemos que el principal agente en el desarrollo de esta condición es el maestro, puesto que en la mayoría de los casos es este quien pasa la mayor parte del tiempo con el niño, también suelen ser los primeros en detectar las conductas características del TDAH, ya sea por su formación, o por la oportunidad que tiene al interactuar con muchos niños permitiendo esto ubicar comportamientos descontextualizados.

De qué hablamos cuando nos referimos a Funciones Ejecutivas?

Funciones ejecutivas a través de la vida M. Rosselli, M.B.  Jurado, E. Matute. Rev Neuropsicología, Neuropsiquiatría y Neurociencias, Abril 2008, Vol.8, No.1, pp. 23-46

Las funciones ejecutivas incluyen un grupo de habilidades cognoscitivas cuyo objetivo principal es facilitar la adaptación del individuo a situaciones nuevas y complejas yendo más allá de conductas habituales y automáticas. Una gran variedad de destrezas han sido incluidas dentro de las llamadas funciones ejecutivas tales como la capacidad para establecer metas, el desarrollo de planes de acción, la flexibilidad de pensamiento, la inhibición de respuestas automáticas, la autorregulación del comportamiento, y la fluidez verbal.

Los comportamientos característicos  propios  del TDAH que general dificultad se encuentran en las funciones ejecutivas.  El ejercicio de las funciones ejecutivas depende del plan que se ha trazado el sujeto para alcanzar una meta; así, a la vez que el sujeto focaliza la atención, debe ser capaz de rechazar estímulos irrelevantes para ejecutar bien la tarea propuesta.

 El inadecuado  funcionamiento de estas funciones se manifiesta en los siguientes rasgos predominantes en los niños con TDAH:

• Su inadecuada respuesta inhibitoria, dificultades en el control de impulsos y dificultades en  la capacidad para demorar recompensas.

• Su excesiva actividad en tareas irrelevantes o bien su pobre regulación de la actividad  frente a la exigencia de una determinada situación.

• Sus dificultades en la regulación de las emociones, la motivación y el estar alerta.

• Su mayor variabilidad en el rendimiento de su trabajo.

La función ejecutiva es una actividad propia de los lóbulos frontales, más específicamente de sus regiones más anteriores, las áreas prefrontales y sus conexiones reciprocas con otras zonas del córtex cerebral y otras estructuras subcorticales, tales como los núcleos de la base, el núcleo amigdalino, el diencéfalo y el cerebelo. A este sustrato neuroanatómico y neurocomportamental se le ha denominado de una manera genérica como frontal, prefrontal o áreas cerebrales anteriores.

Que es la Atención?

La atención: una compleja función cerebral A. Estévez-González. Rev neurol

Ver o escuchar, atender y percibir no son procesos sinónimos. Atender o ‘prestar atención’ consiste en focalizar selectivamente nuestra consciencia, filtrando y desechando información no deseada; como un proceso emergente desde diversos mecanismos neuronales manejando el constante fluir de la información sensorial y trabajando para resolver la competencia entre los estímulos para su procesamiento en paralelo, temporizar las respuestas apropiadas y, en definitiva, controlar la conducta. Atender exige, pues, un esfuerzo neurocognitivo que precede a la percepción, a la intención y a la acción. Pero aun sabiendo que sin atención nuestra percepción, memoria y aprendizaje o no tienen lugar o se empobrecen, la atención ha sido uno de los últimos procesos complejos cerebrales en adquirir la categoría de ‘función cerebral superior’. El interés neurocientífico por la atención puede llegar a sobrepasar al que en su día tuvimos para otras funciones cerebrales superiores, como fue el caso del lenguaje, o el que hoy seguimos teniendo por la memoria y el aprendizaje. Cada vez cobra más razón científica considerar que puede existir un tercer sistema neurofisiológico, el ‘sistema atencional’, de igual categoría que los dos sistemas cerebrales, el motor (eferente) y el sensorial (aferente), considerados hasta la actualidad como integrantes fundamentales del funcionamiento de nuestro sistema nervioso.


Criterios para sospechar de un de Trastorno por déficit de atención con hiperactividad (DSM IV)


Desatención:
  1. A menudo no presta atención suficiente a los detalles o incurre en errores por descuido en las tareas escolares, en el trabajo o en otras actividades
  2. A menudo tiene dificultades para mantener la atención en tareas o en actividades lúdicas
  3. A menudo parece no escuchar cuando se le habla directamente
  4. A menudo no sigue instrucciones y no finaliza tareas escolares, encargos, u obligaciones en el centro de trabajo (no se debe a comportamiento negativista o a incapacidad para comprender instrucciones)
  5. A  a menudo tiene dificultades para organizar tareas y actividades
  6. A  a menudo evita, le disgusta o es renuente en cuanto a dedicarse a tareas que requieren un esfuerzo mental sostenido (como trabajos escolares o domésticos)
  7. A menudo extravía objetos necesarios para tareas o actividades (p. ej. juguetes, ejercicios escolares, lápices, libros o herramientas)
  8. A menudo se distrae fácilmente por estímulos irrelevantes
  9. A menudo es descuidado en las actividades diarias

Hiperactividad
  1. A menudo mueve en exceso manos o pies, o se remueve en su asiento
  2. A menudo abandona su asiento en la clase o en otras situaciones en que se espera que permanezca sentado
  3. A menudo corre o salta excesivamente en situaciones en que es inapropiado hacerlo (en adolescentes o adultos puede limitarse a sentimientos subjetivos de inquietud)
  4. A menudo tiene dificultades para jugar o dedicarse tranquilamente a actividades de ocio
  5. A menudo “está en marcha” o suele actuar como si tuviera un motor
  6.  A menudo habla en exceso Impulsividad
  7. A menudo precipita respuestas antes de haber sido completadas las preguntas
  8. A a menudo tiene dificultades para guardar tumo
  9. A menudo interrumpe o se inmiscuye en las actividades de otros (p. ej. se entromete en conversaciones o juegos)

si se detectan 6 o mas de estos criterios en cada ítem, es sospechoso de TDAH

Qué hacer ante una sospecha de estudiante con TDAH?

Quien detecta el problema?

Usualmente son los padres lo que manifiestan no poder o no saber dirigir el comportamiento de su hijo, o los mismos maestros dan señal de alerta cuando detectan que su estudiante no sigue el ritmo esperado o presenta dificultades en su comportamiento

Quien da el diagnostico?

Debemos ser concientes que un rotulo media mucho el comportamiento de un niño, es decir si no se tiene cuidado y se es irrespontable con el diagnostico del niño, por ejemplo dejándolo en manos inexpertas o tomando el caso solo por nuestra cuenta, estaremos afectando al niño tal vez irreparablemente. Por esa razón lo indicado es acudir a un profesional conocedor del tema, para que este ponga en practica su conocimiento y pueda diagnosticar correctamente al niño según sea el caso

Como se realiza este diagnostico?

Para poder establecer un diagnostico, el profesional necesita de la colaboración de los agenctes socializadores del niño, recolectando información sobre el comportameintod del niño, de los maestros o directivos para ser conocedor del rendimiento y establecer un cuadro comparativo con el de otros niños de la misma edad. Inclusive es indispensale la opinión del mismo niño, para saber el grado de consciencia de si mismo.

Es usual que los profesionales hagan uso de algunas herramientas, por ejemplo los cuestionarios y los derroteros, para ser mas certeros en el diagnostico y descartar otro tipo de problemas, por ejemplo de rendimiento escolar

Y después del diagnostico?

Ya cuando tenemos un diagnostico claro y certero, debemos ser conscientes que nuestro trabajo como docentes empieza, ya hemos abonado algo, pues el primer paso para dar solución a un problema es identificarlo.

Intervenciones no farmacológica

En este apartado se presentan las intervenciones psicológicas de utilidad en el TDAH, pero es importante tener en cuenta que el tratamiento debe planificarse bajo el prisma multimodal, desde un enfoque integral, y ajustado a las características personales del niño y al momento de desarrollo del trastorno en que se realiza el diagnóstico. El tratamiento psicofarmacológico casi siempre es necesario, pero casi nunca es suficiente.  El tratamiento no farmacológico puede recomendarse como tratamiento inicial en solitario, si los síntomas de TDAH son leves o no producen deterioro significativo, si el diagnóstico TDAH es incompleto o el caso es parcial (no cumple todos los criterios), si los padres rechazan el empleo de medicación o si existe una notable discrepancia entre los padres o entre éstos y los profesores.

Psicoterapia

En términos generales, no se considera que la psicoterapia, por sí sola, mejore significativamente los síntomas nucleares del TDAH, pero sí puede servir para intervenir sobre síntomas asociados a los trastornos comórbidos que interfieren en el funcionamiento normal del paciente. En muchos casos, la psicoterapia es necesaria en momentos puntuales del proceso de intervención, situaciones que, por lo extraordinario, pueden provocar un especial conflicto en el niño o en el entorno familiar (paso de nivel educativo, separación de los padres, nacimiento de un nuevo hermano, etc.). En otros casos, la psicoterapia debe llevarse a cabo más intensivamente. Éste es el caso de los pacientes diagnosticados de TDAH tardíamente, incluso en plena adolescencia. La justificación de este enfoque es que estos niños necesitan refuerzos más intensos, de manera que la aplicación de refuerzos y premios se va reduciendo progresivamente y éstos pasan a ser reconocimientos y refuerzos sociales. Además, la modificación de determinados comportamientos puede producir cambios en otros. Esto hace que los refuerzos del entorno aumenten, lo que fortalece su autoestima, su capacidad de autocontrol y su visión positiva del medio.

Tratamiento conductual

La terapia de conducta trabaja con la hipótesis de que el comportamiento de los niños y de los adultos se puede modificar trabajando directamente sobre él mediante asociaciones adecuadas. La idea que justifica este enfoque es que hacemos las cosas en función de las consecuencias que recibimos. La idea básica es que se pueden manejar las consecuencias de la conducta para aprender cómo se han de hacer las cosas. Los pacientes que reciben este tipo de terapia obtienen los siguientes efectos positivos:

– Aumento de atención y mejora del rendimiento académico.

– Mejor autocontrol de la actividad motora excesiva.

– Mejora de la interacción social, como consecuencia del control de la impulsividad.

Respecto a los padres y educadores que han sido entrenados en este tipo de técnicas, se obtienen los siguientes resultados:

– Mejora de la percepción del comportamiento general del niño.

– Mayor control del comportamiento infantil en el entorno natural, a través de la generalización de los métodos aprendidos en el tratamiento.

– Cambios positivos en la interacción padres-hijos.

– Reducción del estrés familiar y mejoría del ambiente en clase.

Las técnicas utilizadas en este tipo de terapias se denominan técnicas operantes. Existen diferentes tipos de técnicas con esta orientación; lo primero es realizar una evaluación exhaustiva, de manera que podamos hacer un análisis funcional lo más preciso posible, en el que identifiquemos especialmente los factores que están manteniendo la conducta inadecuada y trabajar sobre ellos. Para esto es necesario:

– Delimitar claramente las conductas que se quieren cambiar, por ser inadecuadas, o las que se quieren lograr, mantener o acrecentar.

– Llevar a cabo la observación y el registro de las conductas.

– Analizar minuciosamente las contingencias existentes.

– Construir un nuevo sistema de contingencias acorde con los objetivos propuestos y planificar un programa de refuerzos.

– Evaluar el programa durante el tratamiento.

Técnicas para la adquisición de  conductas adecuadas (reforzadores)

– Alabanza. Requisitos de aplicación: debe ser descriptiva y específica, debe ser sincera, con un tono de voz agradable, incluir comentarios positivos y evitar reticencias, sarcasmos y comparaciones con situaciones anteriores. Es importante ser oportuno en su aplicación.

– Atención. Es un reforzador muy poderoso y no requiere gran esfuerzo, ya que, a veces, es suficiente con mirar al niño a los ojos, sonreírle, hacerle un comentario personal o realizar una actividad con él.

– Contacto físico. En especial con los niños pequeños.

– Recompensas y privilegios. Las recompensas tangibles y los privilegios son específicos para cada niño en función de sus gustos.

Cualquiera que sea el refuerzo que apliquemos, es importante que siempre tenga las siguientes características:

– Dar el refuerzo de inmediato, nunca antes de emitido el comportamiento.

– Ser consistente en su aplicación, al menos al principio.

– Cambiarlo con frecuencia para evitar el aburrimiento o la saturación.

Técnicas combinadas

Programa de economía de fichas. Consiste en utilizar fichas o puntos que se obtienen por realizar las conductas adecuadas y que se intercambian por premios o refuerzos. Pasos:

a) observar la actuación del niño para determinar la conducta o conductas inadecuadas

b) determinar la conducta o conductas que se van a trabajar

c) establecer el tipo de ‘refuerzos secundarios’

 determinar el valor de las fichas y el de las conductas meta

e) establecer conjuntamente, padres e hijo, profesor y alumno, una lista de refuerzos positivos que se canjeen por las fichas

f) explicar al niño cómo puede conseguir las fichas con ejemplos y fijar criterios que permitan conseguir pronto éxito en el logro de los objetivos

g) las fichas deben intercambiarse diariamente por los privilegios o refuerzos establecidos

h) evaluar el programa de manera continua. La generalización de la conducta o conductas positivas no suele darse de manera espontánea.

– Contratos de contingencias.

Son acuerdos negociados que se establecen entre profesor y alumnos, padres e hijos, paciente y terapeuta, en que ambos se comprometen con su firma. Los contratos tienen el gran valor de conceder un papel activo al niño, haciéndole responsable de su desarrollo personal. Son muy útiles en niños mayores de seis años, ya que anteriormente no tienen suficientes competencias verbales ni capacidad para demorar la adquisición de la recompensa. Otra ventaja es que los padres desempeñan un papel diferente al que tenían hasta el momento, ya que se les asocia con una postura más dialogante y con la fuente de refuerzos positivos.

Yamile Restrepo

Especialista en Neuropsicopedagogía

Psicóloga

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